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Formaciòn

La formación tiene como finalidad iniciar a la persona en la vida religiosa y ayudarla a tomar conciencia de la especificidad de esta forma de vida dentro de la Iglesia. Su objetivo es formar a la persona mediante la armoniosa integración de diversos elementos —humano, espiritual, apostólico, doctrinal y práctico— realizando una síntesis unitaria que tenga como centro la relación con Cristo en su Cuerpo que es la Iglesia, a través de una familia religiosa.

La formación se apoya en un PLAN (RATIO FORMATIONIS) que identifica los elementos fundamentales y en un PROGRAMA personalizado, elaborados a la luz de la naturaleza de la vida religiosa y del Fundador, teniendo en cuenta las finalidades propias de los Institutos Seculares, llamados a una síntesis evangélica entre secularidad y consagración.

Los objetivos de la Formación, que tiende al desarrollo integral y armónico de la persona que se consagra a Dios, son los de iniciar a:

  • Seguimiento de Cristo: inmersión en el misterio pascual, llamada a la santidad según los compromisos bautismales.

  • A la vida religiosa: introducción en la vida de la Gracia y del Espíritu que se concreta en la vocación y en los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia; asimilación y profundización de la identidad de la persona consagrada.

  • Al espíritu del Fundador: asimilación e interiorización del carisma específico; adopción de un estilo de vida según las tradiciones del Instituto.

SE ARTICULA EN LAS SIGUIENTES ETAPAS:

1 Primeros contactos

Por primeros contactos se entiende un primer conocimiento recíproco que tiene como punto de referencia un grupo local. La candidata continuará residiendo en su propio lugar de vida y desempeñando su trabajo o estudios con regularidad. La duración de los primeros contactos es determinada por el Consejo Central, teniendo en cuenta diversos factores, como la realidad local de procedencia y el nivel de madurez humana, cultural y espiritual.

2 Tiempo de escucha

El tiempo de escucha da inicio al período de formación estructurada, durante el cual la aspirante que lo solicita y el Instituto, en la persona de la hermana encargada, se ponen en actitud de escucha del Señor para comprender siempre mejor su proyecto. Su finalidad es adquirir la conciencia de que la vocación es una llamada divina y personal, verificar la idoneidad de la condición secular, descubrir los propios talentos, experimentar nuestro estilo de vida y nuestro servicio específico dentro de la Iglesia. La duración del tiempo de escucha es de dos años.

3 Tiempo de la respuesta (noviciado)

El tiempo de la Respuesta consiste en un período de dos años. Es un tiempo de “iniciación integral” al seguimiento de Cristo mediante los consejos evangélicos y la vida del Instituto, y está orientado a que la candidata pueda:

  • Tomar mayor conciencia de la naturaleza divina de la vocación

  • Transformar su propia existencia en don generoso a Dios y a los hermanos

  • Practicar los consejos evangélicos en el estilo secular

  • Madurar la decisión de pertenecer formalmente al Instituto de las MFSMI, experimentando su estilo de vida y conformando mente y corazón a su espíritu

  • Verificar las propias intenciones y la idoneidad para dicha pertenencia

  • Discernir su elección de vida, sola, en familia o en grupos de vida fraterna

  • Discernir la disponibilidad para la misión (temporal o definitiva)

4 Incorporación temporal y definitiva

Finalizado el tiempo de la Respuesta, tiene lugar la incorporación temporal con la emisión de los primeros votos, que se renovarán cada tres años, hasta la incorporación definitiva. El período es variable según la maduración de la persona, pero no inferior a seis años.

LOS ACTORES DE LA FORMACIÓN SON:

1 El Espíritu de Dios

El primer y principal agente invisible de la formación es el ESPÍRITU DE DIOS. Es Dios quien llama y es Él quien mantiene la iniciativa a lo largo de toda la vida de los consagrados.

2 María

MARÍA, Madre de Dios y Madre nuestra, está siempre presente en el corazón de los consagrados, desde el inicio hasta el final de su itinerario formativo; ella está asociada constantemente a la obra del Espíritu.

3 La Iglesia

El trabajo de formación debe desarrollarse necesariamente en comunión con la IGLESIA, la cual —como dice Orígenes— está llena de la Trinidad, y de la cual María es modelo en la fe, en el amor y en la perfecta unión con Cristo.

4 La Comunidad

La COMUNIDAD, es decir, la familia religiosa que acoge y forma a sus miembros en la fidelidad al Señor y según el carisma específico, es también el lugar donde se está llamado a ejercitar el espíritu de comunión.

5 La persona que se consagra

La PERSONA QUE SE CONSAGRA tiene la responsabilidad primaria de la formación, porque es ella quien pronuncia su “sí” a la llamada y acoge todas las consecuencias de tal respuesta, que son de orden vital.

6 El Formador

El FORMADOR es quien recibe del Instituto la misión específica de acompañar, con respeto y colaboración, el proceso de crecimiento humano y religioso de las personas que le son confiadas.