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Nuestra historia

Misioneras Hijas de Santa María Inmaculada

Las Misioneras Hijas de Santa María Inmaculada (MFSMI) son un Instituto secular en formación, nacido de un sueño de Giuseppe Battistella y se encuadran en el clima de renovación de la vida religiosa de los años posteriores al Concilio.

El 7 de septiembre de 1965, dos meses antes de su fallecimiento, el padre Giuseppe, intérprete fiel de un deseo difundido en su Congregación, comunicó a dos jóvenes de la parroquia del Sagrado Corazón de Oristano, comprometidas en la Acción Católica femenina, el deseo de que el carisma y el compromiso apostólico de las Hijas de Santa María Inmaculada fueran compartidos también por mujeres, a través de una forma de consagración laical.

Este primer y último coloquio con el padre Battistella constituye la semilla que dio origen a un proceso de compromiso generoso y de discernimiento de la voluntad de Dios, que llevó a estas primeras jóvenes a dar vida al Instituto de las MFSMI, el cual con el tiempo definió su propia forma de consagración en el signo de la laicidad; los modelos inspiradores: la Pía Unión de las Hijas de Santa María Inmaculada y la espiritualidad frassinetiana; la misión en la Iglesia: la promoción de la santidad, de la virginidad consagrada y el acompañamiento vocacional de los jóvenes.

Este pequeño grupo de consagradas laicas, reconocidas a nivel diocesano desde 1977, se ha enriquecido con el tiempo con vocaciones de ultramar, mexicanas y argentinas, y en su seno ha adoptado una pluralidad de formas de vida, aunque en comunión de intenciones (casas de vida fraterna, en familia o en autonomía).

La dimensión laical (sin obras propias, distinción de hábito o vida en común) permite encarnar mejor el ideal de vida inspirado en la familia de Nazaret: la santidad en la ocultación de la vida cotidiana, marcada por la sobriedad, la sencillez y la alegría, en la compartición solidaria de las alegrías, las esperanzas y los sufrimientos de los hermanos. En la Iglesia de hoy desarrollan una misión fundamental en el contexto de la descristianización y de la crisis de vocaciones: indicar, ante todo, con el testimonio, la belleza de la santidad vivida, como sentían Battistella y Frassinetti, aquella plenitud de humanidad y de inmersión en el don de la gracia que sana y perdona; y, en segundo lugar, acompañar con delicadeza a muchos jóvenes en el descubrimiento de su vocación y de su lugar en la Iglesia.

La laicidad, que implica también vivir del propio trabajo, permite adoptar como principal instrumento de evangelización la amistad y el espíritu de familia, como lo indicaba Frassinetti y lo practicaba Battistella.

María, que para todos los creyentes es madre en la fe, para las MFSMI es también fuente de inspiración en el acompañamiento vocacional de los jóvenes, habiendo acompañado a Jesús en el cumplimiento de su misión de salvación, tanto como madre como discípula.